
Siempre se ha visto que vivir cerca de la naturaleza es tranquilizador. Y lo cierto es que vivir en el un hogar campestre también atrae mayor paz, un espacio más grande y una libertad casi absoluta. El campo es tan tranquilo y pacífico que es un vigorizante natural.
Hay muchos efectos positivos que son increíbles para los adultos mayores. Algo que es posible de vivir con tan solo tomar como referencia a los hogares geriátricos campestres, lo cuales te pueden brindar todos los beneficios de vivir en la ciudad, además de increíbles beneficios más.
Beneficios de vivir en un hogar campestre
- El aire que se respira es totalmente puro. En cualquier ciudad, por pequeña que sea, los miles de automóviles y las calles llenas de altísimos edificios y estructuras, hacen que la contaminación sea respirada por las personas sin poder hacer nada al respecto. Si nos fijamos, los buses y sus gases son un ejemplo claro de que vivimos rodeados de contaminación. Esto es evitable en los hogares geriátricos campestres pues el ambiente de ciudad se mezcla con la pureza de la naturaleza.
- El poder vivir sin prisas. El ambiente desenfrenado de la ciudad nos conlleva a vivir caminando y trasladándonos con prisa. Y aunque no la tengamos, estamos obligados a no saber con quién nos cruzamos y a vivir ajenos a nuestro alrededor. Vivir en hogares geriátricos campestres disminuye considerablemente nuestro nivel de estrés y agitación.
- El descansar y dormir en paz. Realizar esta actividad sin ruidos y sin luces entrando por la ventana es casi imposible de realizar en la ciudad. Aquí en la ciudad la actividad nunca se detiene, no hay un momento de paz. Por algo conocemos el dicho de las ciudades que nunca duermen. En los hogares geriátricos campestres podremos dormir y descansar en total silencio. Esto ayudará a que el sueño sea mucho más reparador y descansemos más y mejor.
- Es poder acceder más fácilmente a espacios abiertos y a paisajes sorprendentes, así como zonas rurales que nos invitan a realizar actividad física.
- Los problemas de estrés y ansiedad son menores y no se generan de la misma manera que en la ciudad. Muy conocida está la frase que dice que la enfermedad del siglo XXI es el estrés.
- El valor por la tradicionalidad en la que vivían nuestros antepasados es un recuerdo increíble y algo que todos deberían experimentar. Los hijos y nietos agradecerán mucho ese regalo que se les podrá ofrecer de vez en cuando.